Armando.info: «Internet es la Revolución en Cuba después de la del 59»

Por Isayen Herrera
armando.info

Una pequeña rebelión, encabezada por un grupo de artistas y gestores culturales, cobró fuerza hasta amenazar durante los últimos meses de 2020 con convertirse en la chispa que incendie la pradera castrista, después de 62 años de régimen comunista. Aunque tiene cuatro años en la fragua, es solo ahora que el Movimiento San Isidro se deja conocer en la prensa internacional. Con él ha dejado de ser invisible toda una colectividad de ciudadanos investidos por la web y las redes sociales de un nuevo poder, que intentan seguir adelante contra la represión para transformar los reclamos iniciales por la libertad creativa en una ola de cambio político. Así lo relata desde La Habana uno de sus líderes, Luis Manuel Otero.

Una calle comercial y bulliciosa en Centro Habana; un joven que recorre una de sus cuadras a paso lento, en un sentido y en el contrario, con las manos arriba mientras alza un cartón con un mensaje, y se detiene por segundos para que su voz, proyectada a través de un tapabocas, y su texto, puedan escucharse y leerse; decenas de personas alrededor que miran mientras otras diez, al menos, apuntan sus celulares a la escena, inusual en ese boulevard San Rafael como en las calles de la capital cubana.

Esos videos circularán por las redes sociales, precisamente desde ese mismo 4 de diciembre de 2020, acompañados con hashtags que más sonarían a consignas, y que recordarán las tres frases que el joven llevaba rotuladas a mano en el cartón: “Libertad”, “No + represión”, “#Free_Denis”.

Fueron dos minutos con 20 segundos de puro atrevimiento para los estándares de tolerancia de las autoridades cubanas. Así como las grabaciones recogieron la protesta unipersonal y la algarabía que detonó entre los viandantes del paseo peatonal, también captaron el momento en que los funcionarios policiales le pusieron fin con el arresto del joven, de nombre Luis Robles. Para evitar ese desenlace de nada valió la solidaridad espontánea de los espectadores, expresada mediante manotazos a los agentes de la represión y gritos para que no se lo llevaran detenido.

El gesto callejero de Robles , aún preso y por quien ahora también piden libertad como lo hizo él ese día con su pancarta, fue la puntilla de una serie de eventos que han sacudido a la isla desde 2016 y que se enmarcan bajo una circunstancia ya más evidente desde el final de 2020 con el denominado Movimiento San Isidro. La aparente apatía del pueblo cubano, ya con 62 años de dictadura encima, ha dado lugar a una novedosa manifestación de rebeldía que, proyectada desde el mundo de la cultura y el arte, ha logrado trascender al resto de la sociedad tras varios años de germinación. Esta vez, para pesar del régimen castrista que intenta ahogarlo a toda costa, la era sí que parece estar pariendo otro corazón.

Luis Manuel Otero Alcántara, artista de 33 años, lo cuenta desde su casa, que ahora no solo es la sede del Movimiento San Isidro, sino su prisión (domiciliaria) por disposición de la Seguridad del Estado. Él, uno de los líderes del movimiento, habla con Armando.info por mensajes de voz vía WhatsApp que logra enviar a ciertas horas, a ratos, en distintos días, cuando aprovecha los datos móviles que tiene porque las agencias del régimen aún no han detectado desde dónde los usa (o fingen no saberlo), y que dosifica para rendir las recargas que logran enviarle sus amigos, regados dentro y fuera de Cuba.

“Eso que pasó con este chico pasó en un contexto en el que todo el mundo sabe que en Cuba, en este momento, hay gente protestando en cada esquina y se está saliendo en cada esquina”, asegura Otero. “Ahora en cualquier lugar una persona puede tener un celular, graba, no lo sube porque no tiene datos pero llega a su casa y lo sube a redes sociales con wifi”, remata. El acceso a internet, tan cotidiano en pleno siglo XXI, es una rareza en la mayor de las Antillas que trae consigo una revolución en la medida en que el Gobierno, a regañadientes, permite su expansión. Al menos así lo han entendido los miembros del Movimiento San Isidro.

El siguiente relato en primera persona es una redacción de Armando.info a partir de ese intercambio de mensajes con Otero. Si bien ensamblada e intervenida por necesarios arreglos de edición que responden a exigencias de extensión y sentido, la versión busca preservar la voz y cadencia de un protagonista, Luis Manuel Otero, cuyo testimonio ayuda a comprender cómo el reclamo de libertad creativa por parte de un grupo de artistas consigue eco en el resto del país y se constituye en germen de posibles cambios políticos -eso está por verse- frente a un régimen esclerótico. Por lo pronto, el Movimiento San Isidro, al que el poder no consigue todavía endilgar con eficacia los epítetos de «violento» o «mercenario», ha logrado devolver la atención internacional hacia la represión cotidiana que en Cuba se volvió costumbre, tanto, que dejó de ser noticia. Hasta noviembre de 2020.

De cómo la prohibición de colgar un cuadro se volvió el examen de próstata que la gerontocracia cubana no se quería hacer

«El Movimiento San Isidro tiene unos antecedentes primarios en una obra de arte que hicimos Yanelys Núñez y yo, que se llamó ‘Museo de la Disidencia’. Allí nosotros salimos a la búsqueda de antecedentes de artistas que tuvieran una postura política o tuvieran proyectos que fueran conflictivos para el régimen y tuvieran como una posición política disidente básicamente. Allí es cuando encontramos a un personaje importantísimo en la historia contemporánea de la cultura y de la política disidente, que se llama Amaury Pacheco. Amaury fue el líder de un grupo que se llamó Omni Zona Franca [conformado a finales de los 90], que relativamente tiene como la misma dinámica del Movimiento San Isidro. Yanelys y yo teníamos ya conexiones con un sector del arte independiente que eran Sandra Ceballos y Tania Bruguera. Esos eran como nuestros antecedentes dentro del mundo del arte independiente o arte político pero mucho más como élite. Es en casa de Sandra Ceballos que llegamos a Amaury Pacheco.

[Omni Zona Franca llegó a ser un colectivo de artistas diversos, de músicos, poetas, grafiteros, raperos, artistas visuales, urbanos y más, que incomodó a la dictadura de Fidel Castro durante años con sus acciones artísticas irreverentes].

Amaury nos conectó directo con un submundo que estaba relativamente dormido. Con el mundo de la literatura y poesía, subterráneo y disidente, con esa farándula medio apagada, sobreviviendo con algún que otro evento, pero sin nada que la mantuviera viva. Y con Amaury y el ‘Museo de la Disidencia‘ todo eso comienza como a resurgir y como a tomar un nuevo aire. Esto fue en 2016. [Además de ser una plataforma cultural que organizaba presentaciones artísticas para la gente, buscaba rescatar una palabra casi proscrita en la isla: disidencia]. 

Ahí empezamos a hacer eventos, invitamos a todos estos artistas, músicos, artistas visuales, y en el camino se nos ocurre hacer un evento que se llamó la ‘Bienal 00’. Esa fue mi primera vez en prisión. Ya la Seguridad del Estado me venía acosando desde antes con el ‘Museo de la Disidencia’, pero conmigo y con el museo como que negociaban, me permitían hacer alguna que otra cosa, aunque me intimidaban y metían un poco de miedo, pero me dejaban hacer mis obras, incluso salía de Cuba, apliqué a becas aquí dentro de Cuba también, y me fue como súper bien. Estaban las amenazas y demás pero no el acoso que surgió después.

En La Habana se hace un evento oficial desde el año 1984 llamado la Bienal de La Habana. En principio surgió como un proyecto para el Tercer Mundo, un proyecto elitista, ya marcado por la política y que perdió un poco las perspectivas. En 2018 tocaba la Bienal de La Habana, que, aunque es un evento oficial, alrededor de él pasan otros fenómenos privados, particulares, vienen coleccionistas y galeristas de distintos países a ver arte. Es una dinámica espectacular durante un mes, porque no tienes que ser artista oficial sino que tú puedes abrir tu casa y allí puede caer un coleccionista o alguien a ver tu arte y lo que tú haces.

Ellos [el gobierno cubano] decidieron en 2017 posponer por un tiempo la Bienal de La Habana de 2018. Aquí en Cuba estamos acostumbrados a que cuando te quitan las cosas más nunca te las vuelven a poner. La justificación era que si el ciclón [el huracán Irma], que si la economía, pero ese año todos los demás eventos, el Festival de Ballet, la Feria del Libro, sí funcionaron. Todos menos la Bienal de La Habana. Eso despertó una gran molestia entre la gente que ya tenía su planificación y allí decidimos Yanelys y yo hacer una bienal de arte independiente y la llamamos la ‘Bienal 00‘.

Hasta ese momento de la Bienal 00 habíamos tenido cierta persecución de la Seguridad del Estado, a Yanelys la habían botado del trabajo por el ‘Museo de la Disidencia’, pero nunca habíamos estado en prisión. Mi primera vez en prisión fue cuando lanzamos la convocatoria de la ‘Bienal 00’, que sería aquí en mi casa. Íbamos a hacer una conferencia de prensa, llegó la policía para meterme preso, con la explicación de que yo tenía dos sacos de cemento ilegales. Pero cuando salgo de prisión me doy cuenta de que la solidaridad fue ‘in crescendo’, fue grandísima.

Con la ‘Bienal 00’ nos conectamos con otro importantísimo pilar que se llama Michel Matos. Durante los diez días de la bienal presentamos diferentes proyectos y ahí logramos aglutinar, desde las artes visuales y también desde la música, un poco de ese arte independiente, alternativo, arte disidente que existía en Cuba, en La Habana sobre todo. Y conectar a todos esos artistas que tuvieran algo que decir desde lo independiente o desde lo disidente.

Durante la ‘Bienal 00’ el régimen sí se ensañó con nosotros, fui preso como dos o tres veces, nos cogían en la calle, nos quitaban las pegatinas, nosotros mandábamos a hacer promoción para el evento y nos quitaban eso. Intimidaron a un montón de gente, salimos en la prensa y en la televisión por primera vez, diciéndonos que éramos pagados por la CIA y demás y demás. Eso nos puso indiscutiblemente sobreaviso y fue la primera vez que enfrentamos verdaderamente la represión. El régimen amenazó a todos los artistas, le quitó los papeles a muchos artistas [los permisos para ser artista en Cuba], metió presos a otros y así durante diez días, pero fue espectacular. Eso fue otro caldo de cultivo donde conectamos con un montón de artistas y un montón de gestores culturales en lo que pudiera haber sido algo previo al Movimiento San Isidro.

Salimos de la ‘Bienal 00’ un poco destrozados, las instituciones culturales a las que pertenecíamos nos habían difamado, así que empezamos a exigir a esas instituciones una disculpa pública. Nosotros logramos que en la ‘Bienal 00’ participaran, durante diez días, como 150 artistas en espacios independientes que ellos mismos cedían. Cuando terminamos, decidimos denunciar y cuestionar al régimen sobre por qué tanto abuso y tanta, tanta violencia hacia nosotros, y al régimen se le ocurre como al mes, al ver toda esa independencia, al ver que 150 artistas no respetaron toda su represión, sacar un decreto que es el Decreto 349, en abril de 2018. Y eso para nosotros fue como ‘mira, ahora mismo tenemos que tener una posición política que nos resguarde a nosotros mismos, tenemos que convertirnos en un movimiento para que nos resguardemos nosotros mismos y le sirvamos a las demás personas como referencia’.

El Decreto 349 básicamente lo que hacía era regular todo lo que fuera arte en Cuba, independiente o no independiente. Si tú en tu casa decidías poner un cuadro en la pared e invitar a un amigo tenías que pedirle permiso al Ministerio de Cultura y, si no, estabas cometiendo un delito. Ahí sí nos unimos muchos, muchos artistas y decidimos cerrar filas y decir ‘no vamos a permitir que nos implanten este decreto’. Ahí fue cuando hicimos la protesta en el Capitolio de aquí de La Habana, que Yanelys se llenó de excremento y eso fue como viral, mucha gente se enteró, y fue el principio de la campaña contra el 349.

Ahí el régimen sacó todo su armamento, nos cogió en la calle, nos metía presos, no nos permitía cantar, no nos permitía nada, los conciertos que hacíamos eran censurados constantemente, era una cacería de brujas la que tenía el régimen contra nosotros durante esos seis meses. A mediados de esos meses nos dimos cuenta de que teníamos una fortaleza, que estábamos conectando gente, conectando sobre todo con un barrio donde yo vivo que se llama San Isidro. Indiscutiblemente el 349 fue determinante. Antes del decreto había cierta unión desde lo cultural y desde lo artístico, desde el ‘Museo de la Disidencia’ que mutó a la ‘Bienal 00’.

Con la campaña contra el 349 nos fuimos dando cuenta de que teníamos una fuerza, una aceptación, que nuestras posturas y nuestras herramientas como gestores culturales conectaban a la gente, conectaban a los artistas, y ahí es cuando sale el régimen y reconoce que el decreto fue un error, que tenía problemas, y ahí ya nos volvimos como una especie de símbolo de que sí se podían hacer las cosas, como símbolo de que sí se podía mover al régimen.

Cuando hicimos la ‘Bienal 00’ nadie creía en Cuba que se podía hacer un evento independiente de esa magnitud, nadie creía en Cuba que podía quitarse un decreto, la gente decía ‘no, el régimen no va a ceder nunca’, ‘todo el mundo tiene miedo’, ‘nadie va a decir nada’, pero nosotros fuimos los que confiamos en ese momento de que sí se podía hacer un evento independiente de esa magnitud y lo hicimos, y después con el 349 la gente decía que ‘eso seguro no lo van a quitar’, y también lo hicimos. 

Por decisión de Amaury Pacheco y de Michel Matos decidimos hacer el Movimiento San Isidro, que era no más que agarrar todo aquello que veníamos trabajando desde hacía dos años, desde 2016, y convertir esa hiperconexión y la protección que teníamos unos con otros en una institución, convertirla en un nombre que sonara en el oído de la gente, que ya no fueran entes independientes así sino Movimiento San Isidro. Que eso retumbara en la cabeza de la gente y que significara algo, significara una filosofía, una lucha, significara una postura ante la vida, pacifista, luchar por los derechos culturales, luchar por la libre expresión, por ganar espacios dentro del arte independiente y que este estuviera vigilante. Nosotros vigilábamos todo el arte independiente para que el régimen no lo machucara y procurábamos que todo el que quisiera llegar a la casa del Movimiento San Isidro pudiera llegar y sentirse protegido. Eso es lo que somos.

Sabíamos que cuando nos fuéramos conectando mucho más unos con otros vendría hacia nosotros toda la campaña de difamación de que éramos mercenarios, terroristas, demás y demás. Por eso necesitábamos dejar sentado en piedra cuál era nuestra postura, y ahí decidimos hacer también el Manifiesto de San Isidro, unirnos y demostrar que unos a otros nos estábamos protegiendo. Fue un ejercicio de subsistencia, un ejercicio para poder salvarnos unos a otros porque sabíamos, primero que todo, que en la Cuba comunista ya no teníamos cabida dentro de la sociedad, y que la única manera era generar una plataforma de nosotros para nosotros, donde nos protegiéramos y nos ayudáramos, pero sobre todo donde pudiéramos soñar también con que podíamos influir en la libertad de Cuba desde el arte. Siempre tuvimos la fe de que el arte podía ser una herramienta, que es una herramienta para los cambios radicales en un régimen totalitario o el que sea. Eso lo tuvimos presente desde el principio, hasta el sol de hoy que estamos viendo los frutos.

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