Armando.info: El diminuto banco de venezolanos en Dominica que no gustó al Bank of China

Hugo Prieto
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En 2012 la sucursal en Nueva York de uno de los mayores bancos comerciales chinos reportó que el Barnett Capital Bank había realizado en apenas un mes transacciones por un valor equivalente a la mitad de sus activos; tres meses más tarde, cerraba su cuenta. Así de agitada ha sido la trayectoria de la joven entidad y de sus casi desconocidos propietarios, tanto, que su propio nacimiento ocurrió con un fórceps en tribunales de Florida y Antigua

Desde sus propios inicios, el Barnett Capital Bank —una pequeña institución bancaria fundada por un grupo de venezolanos en un paraíso fiscal del Caribe— tiene varias aristas que van más allá del negocio financiero. Si no es por su propio nacimiento, producto de un fórceps entre financistas que finalmente se resolvió en un tribunal de Miami, es porque aparece mencionado en un juicio, cuyos querellantes son instituciones financieras globales (el fondo londinense Dinosaur y Bancservices International LLC, entre ellas). Y, más recientemente, en la filtración de los FinCEN Files, el proyecto de investigación desarrollado a lo largo de 16 meses por el Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos (ICIJ, por su siglas en inglés), con sede en Washington DC.

La filtración que dio lugar al proyecto periodístico transnacional, originalmente obtenida por BuzzFeed News, consiste en poco más de 2.000 reportes secretos enviados por entidades bancarias de Estados Unidos a la unidad de inteligencia financiera del Departamento del Tesoro norteamericano, FinCEN (acrónimo en inglés de la Red de Control de Delitos Financieros), dando cuenta de transacciones monetarias sospechosas.

Entre esos llamados de atención figura un reporte de agosto de 2012 de los oficiales de cumplimiento de la sucursal del Bank of China en la avenida Madison de Nueva York, en el que estos advertían que en menos de un mes la entidad había procesado en calidad de intermediario 157 operaciones por un valor algo mayor de 30 millones de dólares en las que el Barnett Capital Bank figuraba como origen o beneficiario.

Para subrayar la cuantía extraordinaria de esa actividad, los autores del informe señalaron que ese monto representaba casi la mitad de los 61 millones de dólares en activos con los que las autoridades del Barnett afirmaban contar. Y por último hacían notar que el pequeño negocio financiero, con apenas doce empleados, aunque con sede en Dominica, estaba manejado por unos directivos que residen en Venezuela, entre los que nombraba a Rodrigo Fernández Tinoco y Carlos René Colimodio Finol.

Para una fuente consultada, ligada al sector financiero venezolano —y que habló a condición de que no se mencionara su nombre—, el registro de esas operaciones no muestra nada extraordinario: “Un promedio de ocho operaciones diarias, cinco días de la semana. Eso da, en un mes, 160 operaciones. Eso es perfectamente factible”. Máxime, insiste el experto, en la oportunidad en que ocurrieron: era el año 2012. Entonces el Estado chavista hizo un esfuerzo supremo mediante el gasto público para asegurarse la victoria en las que serían las últimas elecciones de Hugo Chávez como presidente-candidato. Grandes operaciones con los bonos de la deuda soberana de Venezuela se completaban casi a diario. Los clientes del Barnett, como de muchos otros bancos, necesitaban mover el dinero.

Sin embargo, algo de frenético y desproporcionado debieron notar los ejecutivos del Bank of China en la actividad del Barnett, para que decidieran enterar al Departamento del Tesoro. Encontraron que mediante tales transferencias el Barnett había recibido sobre todo pagos “de empresas con cuentas en Panamá y Venezuela”, mientras giraba fondos a “individuos y negocios” en bancos de Estados Unidos y de otras jurisdicciones extranjeras.

El hecho de que el Bank of China haya reportado lo que calificaron como “operaciones sospechosas” del Barnett sorprendió tanto a Carlos Colimodio como a José Daniel Carrillo, gerente general del Barnett, al ser contactados para este reportaje. “Me estoy desayunando”, dijo Colimodio. “A mí me sorprende que usted se haya enterado de este asunto”, terció Carrillo. “¿Por qué? Porque esa no es información pública, es información confidencial entre dos bancos”.

Al cabo de tres meses de ese reporte de 2012, el Bank of China cerró la cuenta de corresponsalía que mantenía para el Barnett. ¿Por qué? Colimodio tiene una hipótesis. “El Bank of China no tenía interés en ser un banco corresponsal (para el Barnett). Ellos querían ser un banco custodio de inversiones y ese servicio ya lo teníamos con otras instituciones de Estados Unidos”.

“Al principio”, dice Carrillo por su parte, “el Bank of China-Hong Kong, con quien teníamos la cuenta, no solicitó ningún tipo de información. Pero cuando el Bank of China de Nueva York se dio cuenta de que esto se estaba manejando como un banco corresponsal, solicitó toda la información de las transferencias hechas. ¿Qué ocurrió? Nosotros le solicitamos a nuestros clientes los recibos, todos los soportes de a qué se debían los pagos y se los enviamos inmediatamente para evitar cualquier problema. Ellos quedaron satisfechos con nuestra respuesta y se cerró la cuenta. Alguien le dio esa información con el sesgo de que aquí había algo malo. Sinceramente le digo que no había nada malo. Le puedo asegurar que no tenemos clientes políticamente expuestos. Eso es algo que los bancos corresponsales permanentemente están buscando y los reguladores también”.

El Bank of China es uno de los principales bancos comerciales de la República Popular China. Para los negocios internacionales se apalanca en su subsidiaria en Hong Kong, que trabaja tanto con el Renminbi de cambio libre como con divisas extranjeras, y con la que mantiene independencia jurídica y operativa. Las preguntas enviadas por el ICIJ sobre este y otros casos dentro de la filtración de los FinCEN Files no fueron respondidas por el banco asiático.

De una a otra isla a bordo de tribunales

Dominica es una antigua colonia británica enclavada en el arco de antillas menores del Caribe oriental, no muy lejos de la costa venezolana. Su régimen de exención de impuestos y máxima privacidad para la constitución de offshores la clasifica entre los paraísos fiscales.

Allí encontraron refugio para sus negocios los integrantes de este grupo financiero venezolano, relativamente desconocido, desgajado de un grupo anterior que tenía por cuartel general otra isla vecina, Antigua. La escisión fue poco amistosa. De hecho, llegó a tribunales de dos circunscripciones.

En 2007, las tensiones entre los accionistas del Davos Financial Group, un banco capitaneado por David Osío y con sede en Antigua, eran evidentes. El ambiente corporativo era tóxico y la explosión era cuestión de tiempo. La pregunta era ¿cuándo? Finalmente, en 2010, la sociedad —en la que además de Osío participaban Andrés Sotillo y Rodrigo Fernández Tinoco (este último, hermano de Gonzalo Fernández Tinoco, ex yerno y todavía socio de Oswaldo Cisneros, un peso pesado del mundo empresarial venezolano)— se separó en los peores términos, como cualquier divorcio.

Siguió un proceso complejo, porque entre el personal de Davos se crearon dos bandos. Unos afines a Osío y otros a Sotillo y Fernández Tinoco. Una rápida búsqueda en Internet da cuenta de lo encarnizado de las demandas y contrademandas judiciales que procesaron los tribunales del sur de la Florida. La voz cantante, como suele ocurrir en estas batallas, no la llevan los financieros involucrados, sino sus abogados. Hubo alegaciones en los estrados judiciales, pero la sangre no llegó al río. “Fue un episodio super público que hizo muchísimo daño”, dice un ex empleado del Barnett.

En efecto, la cobertura periodística refiere una serie de episodios que pudieran ser tipificados como delitos: robo de información, auto préstamos a directivos, compra de inmuebles de lujo para uso personal y —en el caso del Davos— un vínculo tangencial con la estafa asociada al esquema piramidal por el que señalan y finalmente procesan en Connecticut al financiero venezolano Francisco Illarramendi: Juan Montes, el ex ejecutivo de Pdvsa que a cambio de sobornos facilitó el uso en el entramado de los recursos del fondo de pensiones de los trabajadores de la empresa, recibió cinco millones de dólares en el Davos.

A David Osío, propietario del Davos, distintas versiones de prensa lo identifican, a partir de ese vínculo, como uno de los “banqueros del chavismo”. Se trata de un apelativo que va y viene en los corrillos financieros y que recientemente volvió a relucir en un trino que daba cuenta de la sonada fiesta del coronavirus, realizada en una casa que sería de su propiedad, en el paradisíaco archipiélago de Los Roques.

A finales de 2010, numerosos clientes del Davos, que fueron “traídos y atendidos” por Sotillo y Fernández Tinoco salen del Davos; esa sería la razón —según la fuente consultada— por la cual ambos financistas deciden crear su propia plataforma de servicios financieros, una iniciativa que desembocó en el Barnett Capital Bank en Dominica: “No los iban a dejar ir”.

La querella judicial escala cotas más elevadas en gastos y daño reputacional. Se impone entonces una visión pragmática que explora un acuerdo extrajudicial, al que se avienen las partes en disputa. Las cláusulas de dicho acuerdo reposan bajo llave en un tribunal de Miami, entre las que se cuenta el compromiso de ambas partes de no revelar detalles del pacto.

Como parte del arreglo, algunos de los préstamos relacionados se intercambiaron entre ambas instituciones, de acuerdo a cómo se alinearon los bandos del personal en la disputa. Otros fueron cancelados, dijo el el ex empleado del Barnett. Carrillo, en cambio, invocó el acuerdo de confidencialidad: “Yo no puedo hablar sobre ese tema, aunque usted puede llamar a mi abogado (misma cláusula a la que está sujeto la contraparte de ese juicio, David Osio)”. Al recordar quizás las tribulaciones del pleito judicial, Carrillo añadió lo siguiente: “Desafortunadamente hay muchos periodistas que se venden por dos dólares y escriben lo que alguien les dice”.

Sobre lo que sí pudo hablar Carrillo fue sobre el juicio que David Osío entabló en Antigua en contra de quienes posteriormente fundarían el Barnett. “¿Usted sabe cómo funciona? Yo llamo a un abogado en Antigua, le envío un bojote de documentos y el abogado mete una demanda allá. Desafortunadamente, así es como funciona”. ¿La conclusión? “El juicio fue desestimado por falta de evidencias y mal manejo”, dijo Carrillo.

El Barnett se montó en una operación audaz, en cuyo plan de negocios y toda la carpintería asociada al proyecto, tiene mucho que ver otro financiero que para ese momento tenía 25 años. El salto de la isla de Antigua (Davos) a la isla de Dominica (Barnett) no tuvo por motivación, según Carrillo, la búsqueda del amparo que el secretismo propio de un paraíso fiscal suele proveer. “Ahí es donde podíamos conseguir una licencia por un capital que nosotros podíamos financiar. Nosotros tenemos buenos clientes que nos apoyaron. Hace diez años Dominica no estaba tan mal vista como pudiera estarlo hoy. Por temas regulatorios, el Barnett tiene presencia física. Nosotros en ese sentido cumplimos con todas las regulaciones de Dominica y los requerimientos de los bancos corresponsales que, para trabajar con nosotros, comprueban, mediante una visita a nuestra sede, que tenemos un director, un abogado y que nos audita el regulador allá”.

En el SAR del Bank of China se resalta la sospecha de que el Barnett Capital no tuviera sede física en Dominica, pues en sus estados no figuraba pago de rentas o servicios asociados a una oficina

El reporte en 2012 del Bank of China subrayaba que “más allá de su dirección postal, no está claro si el Barnett cuenta con una presencia física” y que su declaración de ingresos del 31 de marzo de 2012 “no incluye ningún gasto de renta o de propiedad asociado a la tenencia de una oficina”. Según su rastreo en Google, el Barnett aparecía entonces compartiendo dirección con otras corporaciones (IBCLAB, OID Limited) en Roseau, la capital de Dominica.

Un lío de ligas mayores

Ese año 2012, el del reporte del Bank of China acerca de las operaciones del Barnett Capital Bank de Dominica es, también, el del pico de la bonanza petrolera, ampliada, además, por un inusitado y colosal endeudamiento de Venezuela en los mercados financieros internacionales.

Pero, en lo que podría parecer una paradoja, es el año en que los analistas de riesgo empiezan a recomendar a sus clientes que salgan de sus posiciones en deuda venezolana. Detrás del festín, el deterioro de las cuentas fiscales era evidente. Y, lo que resultaba más grave, la gallinita de los huevos de oro empezaba a mostrar signos de extenuación. La baja de la producción y los problemas de caja de Pdvsa comenzaban a inquietar no solo a los tenedores de deuda, sino también a los contratistas y a los proveedores de servicios del monopolio estatal.

Simplemente Pdvsa ya no contaba con el efectivo para contratar a proveedores o, con cada vez mayor frecuencia, para siquiera honrar compromisos adquiridos con ellos con anterioridad. Los servicios y bienes que proveían se habían encarecido en la misma medida en que se elevaban el riesgo-país y las dudas sobre la capacidad de Pdvsa para pagar. Para solventar esa dificultad, llegó la hora de las opciones creativas. El nuevo enfoque de Pdvsa para sus relaciones con contratistas vino a beneficiar —si bien, temporalmente— a una empresa italiana, Energy Coal Spa, con sede en Génova y, a la larga y por carambola, a poner el nombre del, por lo demás, desconocido Barnett Capital Bank, de nuevo en los expedientes de una acción legal en tribunales internacionales.

Cierto era que Pdvsa no tenía dinero, pero sí varios túmulos de hasta 30 metros de altura en los patios del Complejo Criogénico de Jose, sobre la costa del estado Anzoátegui, donde se acumulaban millones de toneladas de coque, un hidrocarburo sólido con propiedades similares a las del carbón, subproducto de los procesos de refinación de crudos pesados y extrapesados. Por lo regular, ese producto barato se exportaba para su combustión en procesos de la industria pesada. Pero el deterioro de las instalaciones de embarque de productos sólidos desde 2007 —un inventario de infortunios y desidias que incluyó el incendio de la cinta transportadora de coque en 2009— impidió a partir de cierto momento los despachos del material, que empezó a apilarse hasta formar lo que con cierta sorna los vecinos de la zona y periodistas bautizaron como la cordillera negra. El problema de ambiente y seguridad industrial era acuciante para Pdvsa, pero guardaba una interesante oportunidad de negocios.

Por un lado estaba Pdvsa con su abundancia, accidental e indeseada, de coque y, por el otro, Energy Coal Spa, con algo más de 30 años de experiencia en la comercialización de carbón y otros combustibles sólidos en mercados internacionales. La fórmula se hizo obvia: Pdvsa iba a pagar, con el coque como moneda, los servicios que Energy Coal le prestara. Pero, para la ocasión, Pdvsa requirió de los italianos capacidades con las que no contaban. Por ejemplo, contrataron a Energy Coal la rehabilitación de la banda transportadora de coque en el puerto de Jose y hasta la construcción de un complejo habitacional en los Valles del Tuy, estado Miranda, en el centro de Venezuela.

Un contrato de PDVSA con la italiana Energy Coal, transado en coque, terminó salpicando al Barnett, luego de que la empresa italiana intentara cobrarse una deuda de la petrolera con el embargo de un buque en Curazao.

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