Los Sarasola, millonarios en España gracias a pasados gobiernos corruptos en Venezuela, entre las “amistades peligrosas” de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso

Sarasola y las extrañas amistades peligrosas de Ayuso

 

Ignacio Ruiz
lahoradigital.com

En los años 80, en especial a partir de la victoria de Felipe González en 1982, Enrique Sarasola Lerchundi siempre era citado en la prensa partidista de la derecha como el empresario amigo de Felipe González. Y no decían mentira, que el líder del PSOE y el empresario aficionado a los caballos por sus raíces guipuzcoanas de San Sebastián, mantuvieron durante años una gran y beneficiosa amistad para ambos.

Conocí a Enrique Sarasola, el empresario amigo de Felipe González, en 1993 o tal vez 1992, no recuerdo bien ahora. Carlos Carnicero, entonces director de Panorama, la revista donde trabajaba, me pidió que investigara una información que ofrecía un freelance. La leí y en ella había cuestiones que eran ciertas y otras verdades a medias, que como se sabe son las peores mentiras. Tras consultar fuentes que no me aclararon nada decidí acudir a la fuente original para comprobar por donde respiraba. Llamé por teléfono a Enrique Sarasola, el empresario amigo de Felipe González, y le dije que quería hablar con él sobre sus problemas en el Hipódromo de Madrid y sobre su pelotazo en la construcción del Metro de Medellín, en Colombia. Aceptó sin poner ningún pero y con una sola condición. No quería fotógrafos. Así lo hice. No los necesitaba.

Llegué al pueblo segoviano El Espinar al mediodía. Me hizo esperar una media hora y comenzamos a hablar mientras me enseñaba las instalaciones de la finca, la cuadra, los caballos, su gran pasión. Durante ese periplo ecuestre me presentó a uno de sus hijos, creo que era Kike, pero tal vez la memoria me traicione y fuera Fernando. Como la conversación no permitió abordar todas las cuestiones por las numerosas interrupciones y sus prolijas explicaciones ecuestres, me invitó a comer y, aquí no me traiciona la memoria, comimos un excelente cocido preparado por su esposa, Cecilia Marulanda. Comimos y hablamos, sobre todo de su nuevo proyecto: la gestión del Hipódromo de Madrid, que tenía una deuda de 2.800 millones, y que fue muy problemática. Eso no lo sabía, pero sus proyectos ecuestres no se cumplieron y el hipódromo quedó sin caballos y como escenario de fiestas de la jet al mejor estilo victoriano.

La conversación saltaba de un tema a otro. Dejó el hipódromo y comentó los problemas del Gobierno socialista y al hilo recordó el inicio de su amistad con Felipe González, al que conoció en 1974, poco antes de que se celebrara el Congreso de Suresnes, donde González sepultó el socialismo del exilio. El encuentro significó un flechazo inmediato entre dos seductores y alardeó con cierto resquemor de su apoyo incondicional al futuro presidente español. Enrique Sarasola, el empresario amigo de Felipe González, utilizó todas sus relaciones, unas políticas y otras empresariales, por su matrimonio con Cecilia, hija de un importante empresario colombiano.

En este punto, puntualizó los muchos favores que le debía Felipe González y el apoyo económico que sirvió para lanzar al nuevo líder socialista y sostener al paupérrimo PSOE, quien le debe incluso su célebre sede de Ferraz. Ambas figuras, el empresario y el político, se apoyaron mutuamente. Según Enrique Sarasola, el empresario amigo de Felipe González, especialmente importante fue la amistad entre el presidente español y Carlos Andrés Pérez, presidente de una Venezuela rica y poderosa por la dependencia económica del petróleo, especialmente tras el veto a los barriles árabes.

Carlos Andrés Pérez estaba en aquellos momentos de rabiosa actualidad por haber sufrido un intento de golpe de Estado. Posteriormente, acusado de corrupción fue juzgado y condenado por el uso indebido de los Fondos Reservados. Murió en el exilio en la República Dominicana. Enrique Sarasola, el empresario amigo de Felipe González, defendió durante la conversación la honestidad del presidente venezolano. No tuvo ningún inconveniente en hablar de los temas más polémicos. La venta a Venezuela de 350.000 toneladas de azúcar a cargo de la deuda de Cuba con España, escándalo que llegó al Parlamento de Venezuela y salpicó tanto al empresario, que actuó como intermediario, como al Gobierno de González.

Negó en redondo haber cobrado comisiones superiores al 3% habitual en la construcción del Metro de Medellín, en Colombia, con explicaciones coherentes. También negó, con mas opacidad, cualquier irregularidad en el canje de terrenos para construir Puerta de Europa, más conocida como las madrileñas Torres de KIO, llamadas así por haber sido promovidas por la empresa Kuwait Investments Office. Fue un gran escándalo, pero la construcción de las Torres proporcionó pingües beneficios económicos a los socios de Cartera Central y políticos al Gobierno de González. Tras la operación de las Torres KIO, Enrique Sarasola, el empresario amigo de Felipe González, compró la finca de El Espinar. Cuando lo cuenta, recuerdo que sus ojos brillaban y aparecía una sonrisa cómplice.

Como intermediario, me reconoció haber participado en numerosas operaciones estatales. Sus intermediaciones, incluida la industria armamentística, proporcionaron grandes beneficios al Estado y al Gobierno de González, que miró muchas veces para otro lado para obviar sus negocios con amistades tan peligrosas como los protagonistas de la conocida época del pelotazo. Alberto Alcocer, Alberto Cortina, Javier de la Rosa, Mario Conde o Manuel Prado y Colón de Carvajal, el hombre de paja de Juan Carlos I, fueron algunos de sus compañeros de viaje en negocios tan millonarios como opacos. Varios de estos nombres, incluido Carlos Andrés Pérez, acabaron como huéspedes de los apartamentos de lujo de la Justicia. Apartamentos que dejaron libres para que entraran algunos de los invitados a la boda de la hija de Aznar o conspicuos miembros de los diferentes gobiernos del Partido Popular, incluido Rodrigo Rato, y de Esperanza Aguirre, el espejo donde se mira Isabel Díaz Ayuso.

El día de nuestra conversación, Enrique Sarasola, el empresario amigo de Felipe González, no conocía el final de sus compañeros de negocios. Solo estaba frustrado porque su amistad con Felipe González se había enfriado por la influencia de Alfonso Guerra, para quien tuvo frases poco amables.

Al despedirnos me preguntó de forma inesperada si tenía diez millones de pesetas. Sorprendido le contesté que no. Movió la cabeza y mientras se daba la vuelta apostilló: Una pena, porque saldrías de aquí con veinte. El estrambote a nuestra larga conversación define perfectamente a Enrique Sarasola Lerchundi, el empresario amigo de Felipe González.

Como una premonición, el día de su muerte, en noviembre de 2002, Felipe González envió un sentido mensaje a su hijo Kike porque le recordaba mucho a su padre, un empresario que siempre tuvo tras de sí la alargada sombra de la Justicia por sus operaciones inmobiliarias con los iconos de los años del pelotazo. Tan larga que ahora ensombrece a su familia. Repartida en un entramado de empresas, su millonaria herencia legada a la viuda, Cecilia, y a sus hijos Fernando y Kike, jinete de éxito y empresario de hoteles de superlujo amenaza a los herederos. Hacienda pide penas de cárcel para los tres, una multa de diez millones a la madre y de ocho a sus hijos, cuatro para cada uno, por no haber declarado el impuesto de sucesiones. El caso sigue pendiente de la resolución del Tribunal Supremo.

Es en este contexto en el que debemos analizar el patético vídeo de Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado -tanto monta- en el que dan las gracias a Kike Sarasola por su solidaridad con Madrid, identificando a la Comunidad con su presidenta. Y en este punto de la moderna Historia de España, cobra su verdadera dimensión la respuesta a las críticas del portavoz de Podemos por la comida basura que daba a los niños pobres, ahora llamados vulnerables. La presidenta arrojó a su cara el menú de los hijos de Chávez, como los bautizó con desprecio José María Aznar en compañía de Isabel Díaz Ayuso. Ahora la presidenta se sienta en la lujosa mesa de los hijos de Carlos Andrés Pérez, el corrupto expresidente venezolano que los hizo millonarios, invitada por el solidario Kike Sarasola Marulanda, el empresario amigo de Isabel Díaz Ayuso. De casta le viene al galgo.

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