Armando.info: El hachazo que partirá el corazón de Morrocoy

Isabel Guerrero
Armando.info

No es el único proyecto turístico que se construye en la costa centro occidental de Venezuela, pero sí el que más ha penetrado en el Refugio de Fauna Silvestre Cuare, al lado del Parque Nacional Morrocoy, zonas protegidas por más de una decena de leyes y normas ambientales. Crear la «nueva Punta Cana» es la ambición de su promotor, un empresario español de gran calado con muchos socios militares. Pero mientras llega la prosperidad prometida, la primera manifestación del desarrollo es el dragado de un canal que pone en peligro a un ecosistema único.

La estampa es real, aunque luce como un paraíso soñado. Bosques de galería casi neutrales, escondidos y protegidos por 18 caudales de agua que se abren paso entre los riscos, terminan estrellándose en el mar turquesa del Parque Nacional Morrocoy, ubicado en el estado Falcón, centronorte de Venezuela. Los flancos de esta zona están rodeados por intrincados manglares, a un lado, y el cielo inundado de aves que tienen en estas tierras su refugio natural, entre ellas, sus emblemáticos flamencos o corocoros; pero desde hace poco tiempo, también la asedian, peligrosamente cerca, varios megaproyectos turísticos que han florecido al calor de la autodenominada Revolución Bolivariana.

Los movimientos de tierra y los avances de las propias construcciones ya no solo afectan a Morrocoy sino al aledaño Refugio de Fauna Silvestre Cuare, un santuario ecológico creado el 31 de mayo de 1972 por el Decreto N° 972 “para dar protección a las aves acuáticas migratorias y residentes, así como a especies en peligro de extinción, tales como el caimán de la costa y algunas tortugas marinas”.

En 1998, la zona de Cuare fue la primera del país que se incluyó en la lista de humedales protegidos por la Convención Ramsar, relativa a la protección de los humedales de mayor importancia internacional.

Las bandadas de elegantes flamencos tiñen de rosa las lagunas de Cuare. Sus patas largas y gran tamaño se hacen notar en las casi 12.000 hectáreas que tiene el refugio. En él se alojan tres cuartas partes de las aves acuáticas de Venezuela y poco menos de las aves migratorias que han escogido su paraíso perdido para la anidación, reproducción y hábitat temporal. En total unas 350 especies dependen de este ecosistema.

Tanto Cuare como el vecino Morrocoy son Áreas Bajo Régimen Especial (Abrae) del Estado. El marco legal venezolano de protección es amplio y a partir de 1977 cuenta, al menos, con seis leyes aprobatorias de tratados y convenios, cuatro leyes nacionales (dos orgánicas, una penal y una de protección), dos planes de ordenamiento y reglamento de uso de estos espacios naturales y otros decretos con normas regulatorias. La Constitución vigente, aprobada en 1999, reforzó la protección ambiental e incluso se suman los planes de ordenamiento y reglamento de uso de Zonas de Interés Turístico.

En un tiempo Cuare fue un cónclave de protección tan privilegiado que contaba con un pequeño centro de investigación para hacer estudios científicos y promover la conservación de la rareza del lugar. Hoy esa sede no es más que ruinas.

Antes no dejaban que vecinos de la zona se dedicaran a las actividades pesqueras y agrícolas en las cercanías por el impacto irreversible a la biodiversidad. Ahora son las instituciones estatales las que emiten los permisos para la ejecución de obras privadas que impactan en el entorno, y hasta parecen alentarlas.

En el Juzgado Superior Agrario de la circunscripción judicial de Zulia y Falcón reposa una medida de protección ambiental del 25 de febrero de 2013 y la decisión de “ordenar a todas las personas naturales y jurídicas de abstenerse de ejecutar actividades que involucren la construcción de bienhechurías dentro del Refugio de Fauna Silvestre Cuare”.

Pese a su claridad, esta orden parece haber caído en saco roto.

La advertencia del dragado de un megacanal en los linderos de Cuare alertó hace pocos meses sobre la penetración en la reserva natural. Durante un Congreso de Ecología celebrado en la Universidad Simón Bolívar (USB) de Caracas, a finales de 2019, se ventiló ante la comunidad científica el impacto de lo que ocurría. Organizaciones ambientalistas como Caribe Sur, Fundación para la Defensa de la Naturaleza (Fudena), Azul Ambientalista, Asociación Ecologista para la Preservación Ambiental y otras locales se sumaron a la denuncia y han registrado el avance de los trabajos.

Las obras son parte del desarrollo del Proyecto Turístico Urbanismo Lake Blue, propiedad de las empresas Lake Blue C.A. -dedicada a las actividades inmobiliarias- y Rotafe C.A., representadas por el empresario de origen español José Rodríguez Álvarez. Todo apunta a que se trata de una vía para interconectar un hotel con la costa central del país construida fuera de los linderos de la propiedad privada y dentro de la zona de Cuare-Morrocoy.

Esto fue confirmado por el gerente general de la empresa, Juan Herrera, quien en entrevista telefónica con Armando.Info explicó el proyecto y las dimensiones. “Existe una providencia administrativa, a parte de la autorizada para los trabajos dentro de la parcela, que nos autoriza a hacer un canal de 20 metros, 1,5 metros y aproximadamente kilómetro y medio, para que pueda servir de intercambio de las aguas en primer momento. Ciertamente hay un permiso de navegación pero no es una navegación de alto calado sino simplemente es una autorización otorgada por el Ministerio de Ecosocialismo. Simplemente serían cuestiones muy pequeñas que podrían pasar en determinado caso.”, apuntó.

Lake Blue cubre un área de 276 hectáreas al sur del municipio Monseñor Iturriza del estado Falcón. Esto es, 110 hectáreas más que Punta Cana, la zona turística más próspera de República Dominicana pero que no de manera gratuita se utiliza como parangón: su promotor, Rodríguez Álvarez, dice sin remilgos que se propone desarrollar la nueva Punta Cana. La propuesta del empresario gallego es construir un urbanismo de al menos 5.000 inmuebles, tres hoteles de lujo, dos canchas de golf, restaurantes, una gran piscina central y otras más pequeñas, discotecas, centros comerciales, supermercados, atracciones, bajo una arquitectura paisajística con uso de energía renovable. En teoría, el visitante no tendría necesidad de salir del complejo para divertirse o aprovisionarse, ni sufriría las carencias de servicios públicos o abastecimiento que azotan tanto a esa región costera del llamado Golfo Triste.

La descripción presentada por Lake Blue en el estudio de impacto ambiental que reposa en el Ministerio de Ecosocialismo para los permisos respectivos dice: “El propósito de este complejo es promover el desarrollo de espacios para el turismo, recreación, esparcimiento y descanso de residentes y foráneos, aprovechando las características del entorno y sus valiosos recursos paisajísticos, manteniendo como base un desarrollo ecológico autosustentable”.

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