Patricia de Cisneros y Ella Fontanals, dos millonarias con arte

Las dos se mueven por el mundo con el apellido Cisneros. Ambas son coleccionistas y mecenas de arte latinoamericano y en su pasado y presente se cruzan Cuba, Venezuela, Estados Unidos y España. Pero en realidad el único vínculo familiar que existe entre Patricia Phelps de Cisneros (Caracas, 1947) y Ella Fontanals de Cisneros (La Habana, 1944) es el matrimonio con dos primos hermanos multimillonarios, los venezolanos Oswaldo y Gustavo Cisneros, un vínculo formal que se rompió en 2001 con el divorcio entre Ella y Oswaldo, el hombre Pepsi-Cola en Venezuela. Sus colecciones tienen orígenes y dimensiones bien diferentes y no consta que sus vidas se crucen pese a que ambas tienen residencia en Madrid y visitan la capital muy a menudo.

La aclaración viene a cuento porque son muchos los que confunden a las dos coleccionistas en los que ambas han sido noticia en las páginas de cultura de los periódicos. Patricia Phelps de Cisneros ha agrandado su donación al Reina Sofía con la entrega de 45 obras de 33 artistas contemporáneos, la mayoría de Brasil y Venezuela que se suman a las 39 piezas regaladas hace solo un año. Mientras que unos días antes, Ella Fontanals de Cisneros recordó al Ministerio de Cultura que su intención de depositar parte de su colección (unas 3.200 obras cuyo eje central es la abstracción latinoamericana) en el edificio de Tabacalera en Madrid estaba en peligro porque no ve ningún avance en las gestiones formales.

Según un reporte del español El País, de marzo de 2019, Patricia Phelps de Cisneros es, sin duda, una de las personas más influyentes del mundo del arte. Año tras año, su nombre no se apea de las primeras posiciones de ArtReview, la lista Forbes del sector. Es bisnieta del ornitólogo, explorador y empresario de origen estadounidense William H. Phelps, de quien se cuenta que llegó a Venezuela deslumbrado por la riqueza de su fauna. A los 20 años fundó y dirigió el departamento de idiomas de la Universidad Simón Bolívar en Caracas y a los 23 se casó con el magnate de la comunicación Gustavo Cisneros.

Ella misma ha contado que su nacimiento como coleccionista se produce durante los viajes de negocios de su marido tanto dentro del país como por toda Latinoamérica. En las poblaciones de los alrededores del Orinoco, lugar al que se desplaza cada vez que puede con sus hijos, empezó a adquirir piezas de arte indígena con tal entusiasmo que hoy constituye una de las ramas esenciales sobre las que se asienta su inmensa colección de arte latinoamericano moderno y contemporáneo, paisajes firmados por artistas viajeros a América Latina en los siglos XVII al XIX y arte colonial.

Alérgica a los números, nunca ha querido precisar el número de obras que posee ni su valoración económica. Las colecciones se encuentran en diferentes depósitos perfectamente clasificadas y ni ella ni su marido ambicionan tener un museo con su nombre. Su objetivo es conseguir que el arte latinoamericano tenga la visibilidad que le corresponde en el mundo. Ligada al patronato de museos como el MoMA o el Reina Sofía, Patty, como se la conoce en el mundo del arte, ha conseguido su objetivo con creces

La familia de Ella Fontanals de Cisneros, la otra millonaria y coleccionista de arte venezolana, abandonó Cuba y se instaló en Caracas tras el triunfo de la revolución castrista. En la capital, Ella trabajó como profesora de inglés o natación hasta que en 1968 conoció y se casó con Oswaldo Cisneros, propietario de Pepsi y de Digitel, entre otras muchas cosas.

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