Destape de un penalista, Jaime Lombana

Por: María Jimena Duzán
6 de diciembre de 2004
El Tiempo (Colombia) 

Según la revista Jet Set, el penalista Jaime Lombana apoderado del presidente Uribe, del Fiscal General y del Grupo Santodomingo, amén de otros cacaos tiene una pena de amor. Está triste. La inusual confesión no conozco a ningún hombre público que lo haya hecho antes bien podría pasar como un acto audaz y liberador en una sociedad machista como la nuestra.

Sin embargo, no es precisamente su aparente franqueza lo que me sorprendió de la extensa crónica, sino la papaya que dio al abrir las puertas de su vida privada y exponer, sin ningún rubor, la intimidad de quienes según él fueron sus mujeres. Como si se tratara de trofeos de caza, el penalista aspirante, me dicen, a la Fiscalía General de la Nación exhibe en la revista fotos y postales de amor de sus ex novias, que evidentemente nunca fueron concebidas para ser publicadas.

Para alguien que dice ser un romántico y un paladín de la moral pública haciendo justicia, él no tiene fama de ser un gran jurista, pero sí de hacer lo imposible por ganar sus pleitos , sorprende la facilidad con que pasa por encima del derecho a la intimidad de sus ex amores. Curioso, también, que un abogado tan exitoso como él, mezcla entre Perry Mason y Porfirio Rubirosa, considere importante proteger la privacidad de sus clientes pero no la de sus ex novias.

Su insistencia por mostrarse como una víctima de sus amadas dulcineas, cuando bien podría ser al contrario, es tal vez lo que más asombra de su destape. Según Mónica de Greiff, ex ministra de Justicia, al menos en una ocasión, al penalista se le ha visto en plena madrugada agrediendo con piedras el domicilio de una de sus pretendidas. Estas continuas fluctuaciones entre el exceso de amor y el exceso de odios parecen ser la constante en la vida de nuestro Rubirosa colombiano, quien podría estar entrelazando las obsesiones por sus mujeres y por sus pleitos hasta el punto de que en ocasiones unas obedecen a otras. Hace poco, Jorge Figueroa, el director de la CNTV, señalado apresuradamente por el jurista como partícipe en un negocio eventualmente ilegal, le replicó al aire en La W que su denuncia estaba inspirada en un episodio de celos y no en un interés por la ética pública.

La obsesión y el desprecio por la intimidad de la mujer son característicos de los hombres que tienen relaciones enfermizas con el sexo femenino. En otras latitudes, los llaman maltratadores y están debidamente identificados. Aquí, en cambio, anidan en todos los estratos, convenientemente camuflados. De día nos hablan de la lucha contra la corrupción y la politiquería, y de noche les pegan tremendas tundas a sus esposas.

No se necesita ponerle un ojo morado a una mujer para ser maltratador. Basta con establecer una relación obsesiva, asfixiante e intimidante. Los maltratadores, por lo demás, rara vez terminan expiando sus culpas. Viven amparados en el hecho de que nuestra sociedad no considera el maltrato como un problema social sino como una cuestión de alcoba. Si a esta niña la maltrata el novio, es porque le gusta , escucha uno decir. Denunciar a un esposo por maltrato a su mujer es lo mismo que hacer públicos los problemas de erección: es un asunto privado , me afirmó otra voz.

El síndrome de la mujer maltratada , marcado por la baja autoestima y por un sentimiento de culpa que les impide sacar fuerzas para romper la tortuosa relación, confunde aún más a una sociedad que no acaba de entender por qué muchas de las mujeres agredidas no denuncian a sus agresores. En el maltrato a la mujer, dicen los expertos, se origina mucha de la violencia que hoy padecemos.

En cuanto a nuestro Rubirosa colombiano, si desde el asfalto de los estrados judiciales es así, no quiero imaginármelo en la silla del Fiscal.

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