PanAm Post: El histórico partido «opositor» venezolano y su vinculación económica con el chavismo

En la imagen Henry Ramos Allup

Orlando Avendaño
PanAm Post

Según una comisión de la Asamblea Nacional de Venezuela, entre los años 2004 y 2014 se perdieron unos 11.000 millones de dólares de la estatal PDVSA. Se estima que todo se esfumó entre tramas de corrupción.

Pocos pueden escapar. El dinero se depositó en demasiadas cuentas.

El gran partido blanco

«Este partido ha nacido para hacer historia», dijo Rómulo Betancourt frente a una multitud en la Plaza de Nuevo Circo de Caracas el 13 de septiembre de 1941. Ese día se anunciaba ante los venezolanos la conformación de la primera gran fuerza política moderna del país. Empezaba una era. «Nace armado de un programa que interpreta las necesidades del pueblo, de la nación (…) Acción Democrática aspira a ser el cemento que amalgame a todos los venezolanos que amen su nacionalidad».

Y lo logró. La Venezuela moderna no es sino una escultura cincelada por los herederos de Betancourt. Esculpida cuidadosamente por el que por más de cinco períodos en cuatro décadas fue el partido de Gobierno —y tampoco perdió el poder cuando no lo fue—.

La última etapa republicana de Venezuela es la historia de Acción Democrática y, a un costado, COPEI. Los logros, esos grandes triunfos que volvieron a los venezolanos muestras de una sociedad idílica, son atribuibles a los hombres que, pese a andar sometidos por una impericia voraz, trazaron el presente del país. Es cierto, también los errores. Todas aquellas mañas que al final derivaron en el ascenso de un teniente coronel golpista. Pero, indistintamente, una reflexión sensata sobre esas décadas es incapaz de evadir la grandeza histórica de Acción Democrática. El partido hizo historia.

Hoy un genuino adeco hablará con nostalgia del «partido del pueblo». Luego de la última gran obra de los arribistas, la rebelión contra su partido que provocó la destitución de Carlos Andrés Pérez, el decaimiento ha sido raudo. Imparable. Y, aún cuando se pensaba que de los adecos, así como de los copeyanos, solo quedaba el cadáver en descomposición, el auge mediático de Henry Ramos Allup —quien asumió la secretaría general del partido en el año 2003 (y aún no la suelta)— no significó, al mismo tiempo, la restauración de Acción Democrática.

El gran partido fundado por Rómulo Betancourt hoy no es ni la sombra de aquel ambicioso proyecto de mediados del siglo XX. De una fuerza política histórica, Acción Democrática devino en una maquinaria opositora al chavismo pero que, al mismo tiempo, guarda relaciones económicas y políticas con el régimen al que, presuntamente, enfrenta. Todo un entramado de conexiones, algunas más lejanas, con los dineros saqueados al otrora país más rico del continente.

La contribuyente

Gerardo Hernández conoció a Henry Ramos Allup a mediados de los 2000. Ya Hugo Chávez había salido victorioso, presuntamente, del referendo revocatorio en su contra en el año 2004. Sin embargo, Hernández, con su organización, y Ramos Allup, insistían en que hubo fraude.

En la oficina del secretario general de Acción Democrática se sentó Hernández, quien había sido invitado por una joven y estelar militante del partido blanco: Vanessa Friedman. En el encuentro se discutió la estrategia a trazar de cara al fraude cometido por Hugo Chávez en el referendo del 2004. «Estábamos en sintonía. Ramos Allup entendía que se había cometido fraude y lo iba a denunciar», dice Hernández.

No obstante, más allá de la aparente lucidez del secretario general de Acción Democrática, algo le llamó la atención a Hernández. Friedman no era solo una militante romántica y sumamente atractiva. La joven también era contribuyente del partido. Estaba sentada ahí, junto a su jefe, consentida con especial afecto, por ser una de las financistas de Acción Democrática.

«Lo comentó en varias oportunidades durante la reunión. Presumía de apoyar económicamente al partido de Ramos Allup. Y él no decía nada», dice Hernández, quien también destaca: «En ese momento sentía que Ramos Allup comprendía bien lo que estaba pasando con Chávez. Insisto: estábamos en sintonía. Pero luego algo cambió».

Los Ramos y los Morillo

Vanessa Friedman empezó a militar desde muy joven en Acción Democrática. Con una energía voraz, el vigor y su transparente compromiso con oponerse al chavismo, se perfilaba como una de las incipientes estrellas del partido. Destacaba, por supuesto, porque también gozaba del afecto del secretario general del partido, Ramos Allup, quien, agudo, divisó su talento con rapidez.

La joven tenía una relación con otro enérgico joven, Francisco Morillo. «Eran la típica pareja caraqueña del este. Ambos muy guapos, de buena familia», dice quien fue un amigo cercano de Friedman. Se conocían desde los trece años y para el momento en el que Gerardo Hernández se reúne con Henry Ramos Allup en su oficina en el Edificio Rómulo Betancourt, en Caracas, ya ambos se habían casado.

Morillo había sido heredero empresarial de Wilmer Ruperti, un reconocido hombre de negocios marítimos que había logrado una importante fortuna gracias a contratos con el Estado venezolano. La postura de Ruperti a finales de 2002, en contra del paro petrolero que pretendía desestabilizar al régimen de Hugo Chávez, le ganó importantes simpatías con el chavismo que lo ayudaron a posicionarse muy bien en la élite empresarial boliburgués.

No obstante, el entorno delincuencial de los negocios de Ruperti aparentemente habría puesto incómodo a Morillo, quien arguyó aquello para justificar su ruptura con quien lo había apadrinado financieramente. Morillo, luego de separarse de Ruperti, trabajó en la estatal petrolera por varios meses y, debido a intereses políticos, termina incursionando por su lado en el mundo petrolero al constituir la consultora Waltrop Consultant junto al antiguo empleado de PDVSA, Leonardo Baquero.

Gracias al networking logrado luego de trabajar con Ruperti y gracias a las conexiones de Baquero, Waltrop Consultant tuvo acceso a varias empresas que recibían contratos spot y licitaciones de PDVSA. Waltrop Consultant empezó a asesorarlas.

Hasta ahora todo lucía legítimo. «Morillo al romper con Ruperti solo estaba buscando apartarse del chavismo o al menos eso decía», comenta el allegado a Friedman, quien pidió mantener su nombre resguardado. A Vanessa Friedman nada le lucía turbio. Confiaba en la persona que conocía desde niña. Disfrutó, por supuesto, el flujo intenso de dinero, innato a la nueva consultora que prosperaba.

Luego de Waltrop, como todos somos demasiado codiciosos, se constituyó en 2004 en Panamá la empresa Helsinge Inc, «una compañía especializada en el comercio físico de productos energéticos y petroquímicos», según se lee en su página web. Baquero y Morillo lograron abrir sucursales de la novel compañía en Miami, Ginebra y Jersey, una isla británica. El propósito de ambos, al fundar Helsinge Inc, era esquivar las limitaciones que tenía una consultora y acceder, de primera mano, a las licitaciones y contratos spot repartidos por PDVSA.

El ascenso económico de Morillo fue advertido por quienes lo conocían y en Acción Democrática lo apreciaron de inmediato. Friedman, su mujer, recibió todo el afecto de quienes, de hecho, son bastante reservados. Henry Ramos Allup y su esposa, Diana D’Agostino, se convirtieron en sus protectores políticos. Y ambas familias se encapricharon.

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Quien durante esos años formaba parte del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Acción Democrática, y también accedió a comentar si no se publicaba su identidad, confirmó al PanAm Post que la familia Morillo-Friedman llegó a aportar grandes sumas de dinero al partido. «Montos de cinco mil dólares. También de diez mil y quince mil dólares. Y Henry Ramos tenía muy buena relación con Francisco y Vanessa», dice el ex miembro del CEN.

Gerardo Hernández, quien luego mantuvo contacto con Friedman, corroboró los montos comentados por el antiguo militante de Acción Democrática.

«Recuerdo esa reunión con claridad y que luego me dijeran que habían colaborado con el partido», insiste Hernández. No obstante, cuando se sentó en esa oficina, junto a Ramos Allup y la joven Friedman, aún el conflicto no había empezado. Faltaban algunos años.

La relación entre el secretario general de Acción Democrática y la pareja caraqueña se siguió solidificando hasta que en el 2007 la familia D’Agostino consideró que era momento de que los hijos de Henry Ramos Allup empezaran a foguearse en el mundo petrolero. El del medio, Ricardo Ramos D’Agostino, entra a trabajar en Helsinge gracias a la mediación de Vanessa Friedman, quien le guardaba cariño a los herederos Ramos.

La ilusión de prosperidad se quiebra para Friedman cuando empieza a descubrir que detrás de la riqueza de su esposo lo que realmente había era un gigantesco entramado de corrupción y de relaciones con el régimen de Hugo Chávez. El hallazgo, resultado de varias torpezas, agrietó definitivamente la relación hasta el divorcio.

Esa decisión, aunque personal y totalmente racional, provocó el quiebre de otra ilusión: la fantástica relación entre Henry Ramos Allup, su partido, y Vanessa Friedman. El ostracismo fue el resultado. Y todo un proceso de hostigamiento y acoso fue detonado luego de que Friedman sugiriera a los hijos de Henry Ramos Allup apartarse de la compañía de su esposo por la posibilidad de salir empañados en un escándalo que eventualmente estallaría.

Ricardo Ramos D’Agostino no dejó Helsinge Inc y Vanessa Friedman fue apartada del partido. De hecho, tres fuentes que trabajaron en la alcaldía adeca de Myriam Do Nascimento en El Hatillo confirmaron al PanAm Post que Henry Ramos Allup dio la orden de expulsar a Friedman del ayuntamiento, donde trabajaba.

«Vanessa, al meterse con su esposo y querer el divorcio, también se metió con Henry Ramos Allup y sus negocios con Morillo», dice quien en esos años trabajaba en la alcaldía de Myriam Do Nascimento.

Estalla la trama

En marzo de 2018 la agencia Reuters reportó la demanda de un fideicomiso denominado PDVSA US Litigation Trust contra un grupo de empresas por tejer una red de corrupción y estafas a la estatal petrolera venezolana. Aunque la demanda podría ser impulsada por un intento de venganza, según reporta el periodista Alek Boyd, quien ha sido uno de los que más ha seguido esta trama, el acto destapó el que podría ser uno de los más grandes escándalos de corrupción cometidos durante el desfalco de Venezuela. Y una pequeña empresa aparece en el centro de las acusaciones: Helsinge Inc.

Según se lee en la demanda, a la que tuvo acceso el PanAm Post, la «acción surge de una conspiración en curso (la empresa Helsinge Inc) entre compañías y comerciantes internacionales de petróleo, sus bancos y conspiradores, incluidos agentes corruptos y funcionario de la compañía estatal venezolana Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA): a) para fijar precios, ofertas de aparejos y eliminar la competencia en la compra y venta de petróleo crudo y productos de hidrocarburos de PDVSA; b) malversar los datos y la propiedad intelectual de PDVSA; c) para saquear sistemáticamente a PDVSA haciendo que los funcionarios corruptos paguen precios inflados por productos y servicios».

En concreto, según se lee en las «acciones naturales» de la demanda, Helsinge Inc pudo tejer toda una red de corrupción sobornando funcionarios de PDVSA. También, gracias a la ayuda de un hacker, Luis Liendo, la compañía de Francisco Morillo y Leonardo Baquero pudo clonar el servidor de PDVSA y, de esa manera, tuvo acceso a información privilegiada que luego entregaba a diferentes compañías petroleras del mundo. «Con ese procedimiento se le daría acceso en tiempo real a los contratistas y sus clientes, que conocerían antes que otros competidores la información de las licitaciones», escribió la periodista venezolana Maibort Petit al respecto.

Se lee en la demanda: «A media que avanzaba la conspiración, Helsinge Inc pudo obtener acceso directo a los servidores planteados de PDVSA (…) todo esto habilitó a Helsinge Inc para malversar información privilegiada de PDVSA (…) las pérdidas para PDVSA y las ganancias para los demandados, como resultado de los delitos cometidos por Helsinge Inc, asciende a muchos miles de millones de dólares».

Toda la información para la demanda fue proveída por el investigador John Brennan, fundador de la compañía estadounidense The Brennan Group LLC y quien llegó a ser «detective senior» de la reconocida policía británica Scotland Yard. Su investigación contó con el aporte de Vanessa Friedman, quien logró salvar miles de documentos que inculpaban directamente a su ya exesposo, Francisco Morillo.

En declaración para la demanda el reconocido detective Brennan dice: «Mis investigaciones han revelado que dos venezolanos, Francisco Morillo y Leonardo Baquero, y una serie de conspiradores, han sobornado a los empleados de PDVSA para obtener acceso electrónico directo a información interna altamente confidencial de PDVSA. Estos conspiradores han utilizado este acceso para defraudar a PDVSA y manipular el mercado».

Brennan asegura en la demanda que entrevistó «a numerosos individuos en Estados Unidos, Venezuela y otros países». También que revisó varios documentos y correos electrónicos.

Un nombre sobresale entre los sobornados por la compañía de Morillo y Leonardo Baquero: René Hecker quien, de acuerdo con Brennan, «conoció a ambos cuando trabajaban en PDVSA». «Entendemos de nuestros informantes que Hecker ocupó el cargo de gerente comercial del Departamento de Comercio de PDVSA hasta 2013», relata el investigador británico.

René, según confirmó al PanAm Post un allegado al caso, es hermano de Ricardo Hecker, también cercano a Morillo y «consultor jurídico» del mayor general chavista Miguel Rodríguez Torres, quien en ese momento se desempeñaba como jefe de la inteligencia del Gobierno de Hugo Chávez —luego conformaría el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y asumiría el ministerio de Relaciones Interiores y Justicia—. De hecho, sería gracias al contacto con Rodríguez Torres (es decir, la inteligencia del régimen) que Helsinge Inc lograría el acceso a información tan privilegiada de PDVSA y podría hackear a la estatal petrolera.

«René Hecker sigue siendo hasta hoy uno de los principales contactos para Morillo dentro de PDVSA, en su rol actual como jefe de Petropiar S.A., la empresa conjunta entre PDVSA y Chevron», señala John Brennan.

De acuerdo con la demanda e información publicada por los periodistas de investigación Alek Boyd y Maibort Petit, algunas de las empresas que se favorecieron de la información a la que Helsinge Inc accedía ilegalmente fueron la petrolera rusa Lukoil, la multinacional suiza Glencore y la multinacional basada en Singapur, Trafigura.

Brennan relata que estas compañías están entre «los mayores compradores de petróleo crudo de PDVSA y vendedores de petróleo crudo ligero para PDVSA». «Sus transacciones con PDVSA durante los últimos 15 años han totalizado decenas de billones de dólares», espeta.

Según se lee en el testimonio del británico, basado en miles de documentos a los que obtuvo acceso, Helsinge Inc cobraba mensualmente a las empresas que participaron en la «conspiración» entre US$ 15 mil y US$ 150 mil. Además, agregaba un porcentaje de ganancia de US$ 0,22 por cada barril de petróleo o producto que se transaba.

Toda esta información fue corroborada por John Thackray, un forense americano y vicepresidente de GetData USA que en 2010 fue reconocido por la División Criminal del Departamento de Justicia de Estados Unidos «debido al sobresaliente desempeño en instrucción de informática y análisis forense clínico».

Lea el trabajo completo aquí

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