PanAm Post: Maduro declara la guerra al continente y Piñera le responde

Emmanuel Rincón
PanAm Post

Han sido semanas en extremo convulsionadas en la región. Semanas de mucha confrontación, sangre, violencia y un apogeo de mentiras para avivar la llama del resentimiento en América Latina e intentar derribar a los gobiernos legítimos de Sudamérica.

Primero fue Lenín Moreno y después Sebastián Piñera, dos mandatarios que pidieron combatir a Maduro, pero no con fuerza, sino con diplomacia. El tirano de Miraflores les respondió, pero él no acudió a diálogos ni pidió a sus portavoces lanzar advertencias. Maduro envío delegaciones de terroristas a las capitales de sus países: Quito y Santiago de Chile, y comenzaron a destruir todo lo que les pasara por el frente.

El resultado en Chile y Ecuador terminó siendo el mismo: lamentablemente tanto Piñera y Moreno se retractaron de decisiones económicas razonables que habían establecido para sincerar las economías de sus naciones. Ahora deberán seguir lastrando subsidios para complacer los caprichos de grupos desestabilizadores financiados por el Foro de Sao Paulo. Bien se los dijo Maduro el pasado domingo: «El plan va perfecto, ustedes me entienden. Todas las metas que nos hemos puesto en el Foro de Sao Paulo se han realizado».

No es la primera vez que el chavismo toma responsabilidad sobre las corrientes desestabilizadores de la región. Ya Diosdado Cabello había dicho en un par de ocasiones que lo de Ecuador iba para Colombia, que la brisa bolivariana atacaría a toda la región, que se preparen en el resto del continente. Sus amenazas han sido reiteradas.

Las hordas desestabilizadoras calcinaron por completo el edificio de la Contraloría en Quito, dejaron un número indefinido de comercios destruidos y calles devastadas, pérdidas de al menos dos mil trescientos millones de dólares por el paro de esos días, según la Cámara de Industrias.

No obstante, los destrozos en Ecuador podrían considerarse pocos si se comparan con lo ocurrido en Santiago, donde al menos 78 estaciones del ferrocarril metropolitano sufrieron destrozos, y varias fueron completamente destruidas, según Louis de Grange, presidente de la compañía estatal. Miembros del Gobierno chileno han afirmado que el sistema de metro podría tardar meses en ser reactivado, y que los arreglos superarían una inversión de trescientos millones de dólares (esto solo en cuanto al sistema de transporte).

En Santiago también se saquearon comercios, supermercados, bancos. Fueron incendiados varios autobuses y calcinada la torre de la empresa Enel. El monto total de los destrozos en Chile todavía no ha podido ser calculado. Además, a esto se le debe sumar el monto que proviene de pérdidas por la paralización momentánea de la economía en la capital. La brisa bolivariana que auguró Diosdado va dejando cenizas por donde pasa.

La Organización de Estados Americanos (OEA) se ha pronunciado al respecto. Ha acusado a las dictaduras de Venezuela y Cuba de desestabilizar la región, e hizo un pronunciamiento directo en contra de las declaraciones realizadas por Cabello, con respecto a las «brisas bolivarianas».

La semana anterior, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Teodoro Ribera Neumann, había seguido la línea diplomática del Gobierno de Piñera para oponerse a una intervención armada en Venezuela, pero afirmó que un bloqueo naval podría ser una acción pertinente para atacar al régimen de Maduro. Por tanto, se deduce que lo ocurrido en Santiago es la respuesta directa a dichas declaraciones. De hecho, el mismo Cabello retuiteó el mensaje de William Castillo, viceministro de Comunicación Internacional de Relaciones Exteriores de la tiranía, el cual posee una tónica bastante peculiar y poco diplomática.

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