El “Papa negro”, su relación con Venezuela y por qué algunos reniegan de él

El venezolano Arturo Marcelino Sosa, el “Papa negro”, así llamado el superior de la Compañía de Jesús u orden de los jesuitas, por el traje negro que los caracteriza., dejó una huella en los cuerpos de inteligencia venezolanos cuando fue investigado por su apoyo en las asonadas golpistas contra el ex-presidente Carlos Andrés Pérez durante su segundo mandato.

Sosa fue consejero espiritual del difunto ex-presidente Hugo Chávez Frías, cuyas aptitudes de líder reconoció en artículos escritos en la revista Gumilla.

Arturo Marcelino Sosa Abascal es un hijo predilecto de la aristocracia caraqueña y de un ex-miembro de la junta militar que siguió al derrocamiento del Gral. Ej. Marcos Evangelista Pérez Jiménez en 1958, Arturo Sosa, ex-ministro de Hacienda del gobierno del ex-presidente Luis Herrera Campìns, artífice del «viernes negro», una histórica fecha que marcó la debacle de la economía venezolana.

El «papa negro» es graduado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y doctorado en filosofía en la Universidad Central de Venezuela (UCV), en esta ultima formo parte de su plantilla docente, integrando la corriente izquierdista de la misma.

También fue docente del Doctorado de Ciencias Políticas de la Universidad Simón Bolívar en Caracas, así como profesor invitado en la Universidad de Georgetown en Washington D.C – USA, cosa que llamó la atención por cuanto el mismo era seguidor de la teoría de la liberación, lo cual demostró dedicándose a ir barrio por barrio en Venezuela defendiendo los postulados de izquierda y pregonando maledicencias y animadversión contra el capitalismo y los gobiernos de derecha.

Una vez Hugo Chávez ganó las elecciones presidenciales, Sosa fue enviado como rector a la UCAB y desde allí una vez fracasado el golpe de estado del 2002, Chávez lo citó como su guía espiritual y personal y de repente abandonó la izquierda y fue nombrado Jefe de la Compañía de Jesús, gracias a los aportes financieros de la Venezuela petrolera y de su élite de venezolanos multimillonarios, con entidades financieras como el Banco Mercantil, socios incondicionales y «amos» de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y con la ayuda de todos los centros educativos jesuitas del mundo entero que envían sus recursos para ser administrados en el banco del Vaticano. Se trata de un capital importante también aportado por Venezuela y su gobiernos de las denominadas cuarta y quinta República, la primera con negocios petroleros y la segunda con los mismos pero aumentados con actividades non sanctas.

El papa negro es el rector de todas las universidades católicas del mundo, por ser líder de los jesuitas. De allí se entiende que él, conjuntamente con el profesorado, decida los alumnos que son becados e invitados a universidades como Georgetown en Washington D.C, la cual tiene un programa de intercambios y de becas con la UCAB y es en ese programa en que fue incluido el ahora autoproclamado presidente interino, Juan Gerardo Guaido Márquez; llamando poderosamente la atención que una persona de escasos medios económicos fuese incluida en ese plan de becas y aceptado de alguna manera por la élite caraqueña cerrada. Lo anterior lleva a algunos a pensar que es un plan orquestado por la izquierda y con la colaboración de miembros de la iglesia católica para hacer fracasar cualquier intento de acercamiento de la oposición venezolana a las zonas populares donde realmente están los votos que les permita poder salir democráticamente del gobierno de Maduro. Para algunos, muestra de ello son las concentraciones realizadas nunca en sectores populares si no en zonas de clase media alta, pareciendo ser solo éstos los únicos convocados y los que ante la desesperanza han dejado hasta de concurrir a las mismas.

El jefe de los jesuitas ya no habla el lenguaje de izquierda, pero es muy cercano al argentino Papa Francisco, Jorge Mario Bergoglio. Se enfrenta así a la crítica por el vínculo que algunos piensan han tenido con el banco Vaticano, líderes de gobiernos de izquierda que han expoliado a sus pueblos y se han relacionado con la corrupción, narcotráfico, terrorismo, trata de personas, trafico de órganos y crimen organizado, quienes han buscado oncluso en la Santa Sede la forma de blanquear su dinero sucio.

En opinión de algunos, el padre Arturo Marcelino Sosa Abascal se ha atrevido a ir en contra de los dogmas de la Iglesia negando la existencia del diablo, no condenando la homosexualidad dentro de la iglesia católica y señalando que no es contrario a las enseñanzas católicas la idea de que existan sacerdotisas.

Dicen las profecías que el último Papa será negro, pero no negro de color, ni de raza, si no que será él, el llamado Papa negro, el líder de la izquierda jesuita, quién algunos creen ha ayudado a la destrucción de Latinoamérica y quien tampoco ha hecho el mejor aporte a la Iglesia Católica. Creen así que todo sucederá con la aprobación y beneplácito de la casta aristocrática del mundo, encabezada por George Soros y su «pandilla», aunque algunos lo entiendan como una suerte de «anticristo».

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