El pasado en Colombia de Álvaro Pulido, el empresario que logró fortuna en Venezuela

El 10 de mayo del año 2000, después de dos años de seguimiento, la Policía de Colombia capturó a Germán Enrique Rubio Salas, señalado como jefe del cartel de Bogotá.

Rubio Salas tenía pendiente una condena de 15 años en Italia. Los efectivos de la Central de Inteligencia de la Policía (CIP), la DEA, la Dijín y la Fiscalía de Colombia, le seguían el rastro y lo detuvieron mientras dormía con una mujer en un hotel en el norte de Bogotá.

Su aprehensión se produjo con la de otras 16 personas, en operaciones simultáneas en Colombia, Estados Unidos y Venezuela, donde se desmantelaron dos redes distribuidoras de droga, una de heroína y la otra de cocaína.

Seis personas fueron capturadas por la DEA en Boston (E.U.) entre ellos dos dominicanos, una en Caracas por la Policía Técnica Judicial (PTJ) y las otras diez en Bogotá, Cali, Pereira y Medellín.

La Policía las sindicó de haber enviado a Gran Bretaña, Holanda, Alemania y España dos toneladas de cocaína y 17 kilos de heroína en el último año, bajo la coordinación de Rubio Salas.

Según las autoridades, Rubio estaba desde hacía dos años en Colombia, trabajando con cinco identificaciones falsas con las que entraba y salía del país.

Brasil, Frankfurt y Reino Unido habían sido hasta entonces, de acuerdo con los registros de la Policía, los destinos de sus últimos viajes. La DEA aseguró que ha introducido más de diez millones de dólares a Europa con su red.

El otro cabecilla de la organización, según la Policía, era Hernán Uribe. Esta persona fue capturada en Caracas, al ser señalado de mantener contactos permanentes con los enlaces internacionales y quien manejaba las rutas desde Venezuela y Ecuador hacia México y España.

La otra persona identificada por la Dijín como enlace de esta red internacional era Martha Georgina Bello de Restrepo Toro, conocida como la Monita y quien, según la Policía, era la encargada de manejar el negocio en Bogotá. Los hombres de inteligencia y los fiscales le allanaron, casas, fincas y locales comerciales en Tabio, Funza y Bogotá.

Tras ser acusado de narcotráfico, Germán Enrique Rubio Salas renunció a su verdadera identidad para convertirse en Álvaro Pulido Vargas, un empresario prominente que haría fortuna en Venezuela en la era chavista, como proveedor gubernamental de alimentos y en negocios de minerales y petróleo.

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