El Nuevo Herald: Así es como Miami, un importante destino del oro venezolano, ayuda a Maduro mantenerse a flote

En momentos en que Venezuela colapsa bajo una depresión económica de dimensiones pocas veces vista en el último siglo, al aislado régimen de Nicolás Maduro aún le queda un salvavidas que lo ayuda a mantenerse a flote: el oro.

Según El Nuevo Herald, las selvas del sur venezolano esconden toneladas del precioso metal, codiciado por banqueros, joyeros y fabricantes de productos electrónicos en todo el mundo. Durante la última década, decenas de miles de venezolanos empobrecidos han migrado hacia la zona desde otras partes del país para probar suerte en la minería ilegal, contagiados por la fiebre del oro.

La minería ilegal es controlada por elementos corruptos de las fuerzas armadas, la guerrilla colombiana y organizaciones delictivas venezolanas, en desenfrenadas operaciones de explotación que están destruyendo el frágil ecosistema de la selva, grandes cantidades de árboles y contaminando ríos y cuencas con mercurio, una sustancia en extremo tóxica.

Como resultado, la producción de oro venezolano ha aumentado significativamente y parte de la producción se está contrabandeando a través de la vecina Colombia hacia uno de los principales mercados mundiales del metal: Miami.

Organismos de seguridad en Colombia y Estados Unidos se empeñan en descubrir las redes venezolanas de contrabando, según fuentes familiarizadas con esas investigaciones. También tienen la mirada puesta en refinerías y comerciantes bajo sospecha de que se benefician del oro contrabandeado.

Estos esfuerzos por contener las operaciones ilegales con el “oro de sangre” es visto como importante para combatir a organizaciones colombianas del narcotráfico, que lavan el dinero obtenido con la venta de cocaína comerciando con el metal venezolano, así como para frenar al Ejército de Liberación Nacional (ELN), organización guerrillera colombiana que ha añadido el contrabando de oro a su cartera de operaciones criminales, que también incluye el narcotráfico y la extorsión.

Determinar quienes están comprando “oro de sangre” venezolano es difícil, pero es visto como un paso importante por la administración del presidente Donald Trump en su intento por reducir las fuentes de ingresos que mantienen en pie al régimen de Maduro.

Maduro usa el dinero que generan las operaciones de oro y minería ilegal para comprar la lealtad de los militares. Debilitar esas operaciones restringiría el respaldo que recibe de las fuerzas armadas, señalan analistas y antiguos aliados.

Una vez que el oro venezolano entra al mercado estadounidense, se refina y se vende a grandes compañías. Eso significa que “oro de sangre” puede terminar en su reloj, sus joyas, su teléfono móvil o su auto.

De esa manera no solo está el consumidor estadounidense financiando sin saberlo un régimen que a los ojos de muchos se ha convertido en un sindicato del crimen organizado, sino que Miami —la capital del movimiento antimadurista— también es un importante piñón en la maquinaría de contrabando que ayuda a Maduro mantenerse en el poder.

Con una economía abrumada por un colapso histórico y una reducción sustancial de la producción petrolera, el gobierno de Venezuela ha echado mano a uno de sus últimos salvavidas: el oro. El metal lo extraen de minas ubicadas en las selvas gente del gobierno, pandillas delictivas y grupos guerrilleros que usan equipos pesados y mercurio.

Parte del oro se contrabandea a la vecina Colombia en aviones, camiones, embarcaciones fluviales y mulas humanas. Otros cargamentos se envían por mar o avión a las islas caribeñas de Aruba y Curazao. Para ello, se falsifican documentos que indican que el oro se extrajo legalmente en Colombia u otro país. Los carteles de las drogas invierten frecuentemente en el negocio del oro para lavar dinero sucio.

El oro se envía entonces por avión a Miami, uno de los principales mercados mundiales del preciado metal. Otros cargamentos se envían a Turquía, los Emiratos Árabes Unidos y Suiza.

Después que se refina en Estados Unidos, el oro puede venderse a bancos, joyeros y empresas fabricantes de equipos electrónicos, y al final el metal termina en el bolsillo o alrededor del cuello de los consumidores.

Entonces se envía el efectivo a Venezuela a través de Colombia y el Caribe, y al final llega a manos del régimen de Maduro.

EL RECURSO FINAL DE MADURO

“El Arco Minero [la región minera bajo explotación] es la caja china de ellos para mantenerse en el poder. Compensa el colapso que está padeciendo la producción petrolera”, dijo Cliver Alcalá, un mayor general venezolano sancionado por Estados Unidos que rompió con Maduro y hoy vive exiliado en Colombia.

Esta primavera, autoridades colombianas presentaron cargos contra el exportador CIJ Gutiérrez por vender oro ilegal. Un investigador colombiano dijo que la compañía obtenía metal de minas ilegales de Venezuela y Colombia.

Parte de los envíos de oro venezolano, que por ley debería ser vendido solo al Banco Central de ese país, se contrabandea a través de islas del Caribe, como Curazao y Aruba.

Aunque sólo compañías estatales tienen autorización legal de operar las minas, la producción ilegal en manos de decenas de miles de mineros artesanales termina “en manos de un gobierno mafioso”, dijo un alto funcionario del régimen familiarizado con las operaciones mineras.

El funcionario, quien pidió no ser identificado, dijo que el círculo interno de Maduro tomó el control de la mayor parte de la producción artesanal, previamente dominada por organizaciones delictivas, hace unos tres años.

El grupo, conocido como El Equipo, es encabezado por la esposa de Maduro, Cilia Flores, y su familia, con ayuda del jefe de la Dirección de Contrainteligencia Militar, Rafael Hernández Dala. Flores y Hernández Dala han sido sancionados por el gobierno de Estados Unidos.

Otras fuentes familiarizadas con las operaciones ilegales dijeron que el ministro del Poder Popular para Industrias y Producción Nacional de Venezuela y vicepresidente del Área Económica, Tareck El Aissami, es otro integrante clave de El Equipo. El Aissami —quien está a cargo de la minería en Venezuela— también ha sido sancionado por Washington, bajo acusación de ser un operador clave del narcotráfico, y enfrenta cargos federales.

La mayor parte del oro venezolano que llega a Estados Unidos ingresa a través del Aeropuerto Internacional de Miami en barras rudimentarias. Luego se vende a comerciantes del metal en distintos puntos del país, dijeron fuentes policiales, así como integrantes de la industria y funcionarios del régimen venezolano entrevistados por el Miami Herald y el Nuevo Herald en alianza con el consorcio internacional de periodistas liderado por la organización brasileña de noticias InfoAmazonia.

Frecuentemente, la documentación que acompaña al metal venezolano declara que se extrajo legalmente en Colombia, para ocultar su verdadero origen.

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