Antonio Ledezma: La tirania: ¿más vidas que un gato?

Antonio Ledezma

La expresión que indica que los gatos acumulan hasta siete vidas es de origen esotérico. De ahí viene eso de que el numero 7 tiene que ver con la suerte. Además, el gato o cualquier otro felino están dotados de habilidades que les permite salir bien librado de apremiantes situaciones en las que otros animales claudicarían.

Tanto Chávez como Maduro han salido airosos de tormentas que ellos mismos han provocado, “sembrando vientos” en estos 20 años de prolongada autocracia, derivada en dictadura hasta ser, finalmente, una narcotiranía. La verdad es que no son unos felinos, más bien, si los comparamos con alguna especie de ese reino, serian caimanes del mismo pozo. La sobrevivencia a tantos momentos en los que han estado al borde del precipicio estriba en que se han conseguido manos tendidas de las que se han aferrado para evitar caer al abismo.

A Chávez lo indultaron después de haber perpetrado un crimen contra el Estado de Derecho. Estaba convicto y confeso. La verdad es que al presidente Caldera lo abarrotaron de solicitudes plagadas de clemencia para ese neo mesías que admitió, dos veces, promover intentos fallidos contra un gobierno incuestionablemente legítimo, saliera libre de polvo y paja a instalarse como Primer Magistrado Nacional. Después le otorgaron poderes supraconstitucionales que le facilitó montar una elección de constituyentistas a su leal saber y entender. De allí salió a controlar todos los poderes públicos. La naturaleza nos castigó con el deslave de diciembre de 1999 y Chávez ¡hasta se metió con Dios!, rechazó la ayuda de los EEUU y sometió a penurias a miles de damnificados. Salió, también ileso de esas encrucijadas.

El 11 de abril de 2002 más de un millón de personas protestan en las calles de Caracas y una alianza cívico-militar lo expulsa del poder, la falla estratégica hace que resucite, cuán Lázaro de Sabaneta, a los 3 días. Del paro petrolero pasó al revocatorio en 2004, también brinca como un gato ambas coyunturas, aprovechándose de un diálogo mediatizado que le ayudó a controlar los lapsos a su antojo. En 2009 monta otra vez su tramoya para darse una nueva Constitución, esta vez mete en el saco a todos los factores con el señuelo de la reelección indefinida para los cargos de elección popular, así se sacó la espinita que le clavó la ciudadanía en el Referéndum del 2 de diciembre de 2007. Venía de desafiar a la opinión pública internacional, dándose el gusto de cerrar a Radio Caracas Televisión. No le importó la movilización general del país ni la repulsión del mundo ante semejante atropello.

En 2010 la oposición unida sacó más votos en las elecciones parlamentarias de septiembre de 2010. Seguidamente volvimos a dar ejemplo de madurez con la selección de candidato presidencial para los comicios de 2012, se repitió la candidatura unitaria para las sobrevenidas elecciones de abril de 2013, después de la muerte de Chávez. Capriles ganó, Maduro hizo fraude, pero se desmovilizó la calle.

Para finales de ese año articularon la parodia del Dakazo y llegamos a febrero con la convocatoria de la Salida por un sector de la oposición. Allí sí hubo desencuentros que se superaron presentando postulaciones unitarias para las parlamentarias de 2015. Seguimos aplicando dosis de unidad designando presidentes de la nueva Asamblea Nacional. Se respaldó la tesis de promover otro revocatorio, esta vez contra Maduro. Éste lo saboteo y logró imponer su argucia de otro diálogo, esta vez en Dominicana. Finalmente instalaron su tobogán de elecciones regionales, municipales y presidenciales con el mismo esquema tramposo, ya habían concretado el monumental fraude de la Constituyente el 30 de julio de 2017. El error estribo en no haber designado, en su momento, las nuevas directivas del CNE y del TSJ.

La anterior relación es para enfrentar esa especie de que la oposición venezolana es un “cardumen de pirañas o un nido de víboras”. Falso. Ha habido unidad. ¡Claro que también diferencias de ideas! Eso, más que dañino, es saludable para fortalecer una corriente política.

Lo que ha fallado entonces no es la conveniente unidad, esta ha existido, lo que ha sido vulnerable es la estrategia y la ausencia, en muchos temas, de coherencia.

Por lo tanto, ni Chávez ni Maduro son como los gatos, son mortales pecadores y erráticos.

Chávez fracasó intentando tumbar un gobierno, pero la ruleta del oportunismo y la flaqueza de las instituciones lo premiaron.

Maduro ha sido derribado varias veces por la fuerza de sus propios dislates y por la ventolera desatada por la lucha de una ciudadanía valiente y persistente, pero lo hemos dejado parar una y otra vez para que agarre aliento y siga destruyendo al país.

Espero que nuestro presidente interino, Juan Guaidó, no lo deje abandonar la lona, en donde se revuelca tratando de darle una patada a la lampara.

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