Venezolano Héctor Dáger Gaspard recibió decenas de millones de Odebrecht por sociedad corrupta para desarrollar obras en Venezuela

No ha sido posible todavía que el brasileño Euzenando Azevedo y el venezolano Héctor Dáger Gaspard brinden una declaración formal acerca de cómo terminaron compartiendo cuentas bancarias en Suiza.

Sobre el venezolano se habla que solería pasar tiempo en Panamá con su madre, hermano, primos sobrinos y otros familiares.

Agazapado en Sao Paulo, el brasileño se ha ceñido al silencio que le obliga su condición de testigo protegido. El venezolano, por su parte, ha preferido un bajo perfil desde Ciudad de Panamá, hasta donde la prensa le ha enviado mensajes, cartas, llamadas telefónicas y recados, para contrastar los señalamientos que lo presentan como una de las claves para desentrañar la trama venezolana de Odebrecht.

Sobre un hermano de Héctor Dáger, Luis Dager Gaspard, se habla que es muy conocido en Ciudad de Panamá por gestiones representando al Centro Médico Docente La Trinidad de Caracas y por participar en varios proyectos inmobiliarios.

Azevedo nunca tuvo un contrato de exclusividad; en su círculo destacan el derecho y la libertad que siempre tuvo para desarrollar negocios paralelos al de su papel como directivo de Odebrecht. Añaden que si bien la relación de ambos se gestó a la sombra de Odebrecht y la hidroeléctrica de Tocoma, a partir de allí emprendieron negocios personales. Aun así, aquí salta un conflicto de intereses.

Fuentes vinculadas a Azevedo señalan que aun mientras era director superintendente de Odebrecht fue asesor de Dáger en la empresa BMS Investment BV LLC, cuya cuenta bancaria está congelada en Suiza y desde la que aseguran haber surtido tractores, máquinas y equipos de construcción a Odebrecht y las otras dos empresas encargadas de construir la hidroeléctrica de Tocoma a través del consorcio OIV.

Las fechas además no concuerdan, mucho menos las obras y los montos reportados en los juicios de Lava Jato. Según la delación premiada de Azevedo, Dáger recibió unos 28 millones hasta el año 2009. Sin embargo, los depósitos en Suiza y varias transferencias filtradas hace meses al calor del escándalo de Lava Jato desde el Meinl Bank –el banco que Odebrecht compró e hizo a su medida en Saint John, la isla de Antigua– muestran que no solo fue mucho más dinero, sino que siguió recibiendo depósitos al menos por cinco años más.

 

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