Euzenando Azevedo pagó comisiones en Suiza a Héctor Dager Gaspard por trama corrupta de Odebrecht en Venezuela

A diferencia de otros, Euzenando Azevedo reportaba directamente al CEO, Marcelo Odebrecht, en lugar de rendir cuentas a la Vicepresidencia para América Latina y Angola de la empresa Odebrecht. Pero más que eso, logró meterse a Chávez en el bolsillo.

Discreto como buen hombre de negocios y provisto de la simpatía brasileña, supo transitar sin hacer bulla por los vericuetos de las esferas bolivarianas. Tanto que el líder supremo de la Revolución bolivariana nunca escatimó en elogios y buenas palabras para este brasileño nacido en Pernambuco, al este de Brasil. “Grande amigo”, le dijo públicamente el 13 de noviembre de 2006 mientras resaltaba su papel durante la inauguración del segundo puente sobre el río Orinoco. “Para Euzenando un abrazo muy especial y una felicitación pero muy, muy especial, por su voluntad de acero, inquebrantable en el impulso de la obra y de las distintas obras que estamos adelantando en Venezuela”.

Otra historia vino a la muerte del Comandante. Quienes llegaron a hablar con Azevedo, destacan su español con giros coloquiales venezolanos, por los que bien se le podía escuchar hablar del “zaperoco” (lío) que había desatado la trama Odebrecht y la “arrechera” (rabia) que le tenían Diosdado Cabello y el resto del anillo que rodeaba a Chávez.

No en vano, Azevedo tuvo que partir de Venezuela en 2013, a la llegada de Nicolás Maduro al poder. El mandatario venezolano no soportó que a espaldas de su gobierno, el representante de Odebrecht en Caracas se hubiera reunido y aportado contribuciones para la campaña de su oponente, como luego lo confesó el propio representante de Odebrecht ante los fiscales del caso.

Contó allí que gestionó 35 millones de dólares para la campaña presidencial de Nicolás Maduro y cómo hizo lo propio con otros 15 millones para el comando de Henrique Capriles en 2013. No dijo palabra alguna, no obstante, sobre sobornos. A diferencia de los delatores premiados de otros países, nunca mencionó comisiones a funcionarios o sobreprecios de obras. Mucho menos se refirió a las cuentas que mantuvo en Suiza con uno de sus comisionistas: el venezolano Héctor Dager Gaspard.

 

Probablemente confiaba en que ninguna autoridad venezolana investigaría sus palabras.

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